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La versatilidad de Fulgencio Pimentel

30.06.2021

Para hablar de la editorial española Fulgencio Pimentel, mejor una cita de ellos mismos: “Hay algo más que un editor puede ser, además del proxeneta, el proveedor de sustancias ilegales y el gorrilla de sus autores; puede hacer algo más que dilapidar incesantemente su patrimonio familiar, el de sus amigos y el de sus conocidos; puede ser algo más que un pusilánime que decide no exhibir su escaso talento para ocultarse tras el nombre de otro, cuya labor ensuciará con las arbitrariedades que le dicta su propio ego…”

 

Antes de saber cómo concluye la frase, primero una dosis de libros Pimentel:

 

Minor Threat

Clases de Chapín

Eduardo Halfon

Prosa agresiva, retadora y mordaz. Digna de la colección La Principal, de Fulgencio Pimentel. Halfon no se halla y sus cuentos, en clave autobiográfica, lo demuestran. ¿Es guatemalteco? ¿Es judío? ¿Debería escribir en inglés o en español? En estas páginas muestra desagrado, entre otras cosas, por el viajero genérico, ese que toma descaradamente fotos en territorios pobres. Nuestro autor se desquita situando en la narración al mandamás del pueblo, ese que tiene un diente de oro y lleva una pistola al cinto, y que en este caso se le atraviesa en el encuadre al extranjero y, sardónico, lo exhibe. Y así, sucesivamente, Halfon exhibe varios estereotipos que lo desquician porque, en definitiva, no sabe a cuál suscribirse.

$75.000

Rites od Spring

La hora atómica

Rubén Lardín

Puede el lector enojarse con el Lardín humano, jamás con el Lardín escritor. Sus reflexiones misóginas, la apología constante a la tauromaquia, y otras anotaciones, cuando menos polémicas, perfectamente empacadas en una escritura proveniente de la poesía (una escritura difícil de lograr y de hallar en otras obras), no son más que provocaciones que, como lectores, con libre albedrío, podemos desechar o analizar profundamente. Aconsejamos lo segundo. No deberíamos pasar tanta pena cuando leemos algo que no es del gusto general. “La hora atómica”, además, presenta una estructura inusual: no hay estructura. Es literatura del tipo “que caiga lo que caiga”.

$82.000

In On The Kill Taker

Sirio

Martín López Lam

Una novela gráfica que se aleja de la acidez propia del catálogo de Fulgencio Pimentel, y nos sumerge en una narración triple: una pareja que no pasa por su mejor momento y toma la “brillante” idea de mudarse a un paraje vacacional (en temporada baja); dos hombres (amantes), que también habitan esta playa desierta, y se escapan de sus esposas para poder verse; y, finalmente, algunas páginas en las que este joven ilustrador peruano engrana, a las anteriores dos líneas argumentales, una sobre tipos de nubes: altocumulos, stratocumulos… Una novela gráfica que, además, nos cuenta casi todo en tinta azul.

$80.000

Soda Pop * Rip Off

Esterhazy

Irene Dische, Michael Sowa

Usualmente cuando en la librería les decimos a los padres de familia: "¿Les interesaría un libro infantil que les habla a los niños, con pelos y señales, sobre la Segunda Guerra, el muro que separó a miles de alemanes, y su posterior caída?" Siempre se lo llevan. Y se lo debemos a la genialidad de estos dos autores que, con delicadeza y maña, se inventaron a una liebre que acompaña a los pequeños lectores en un viaje de descubrimiento constante. Que no les niega la historia. Esterhazy: la fábula verdadera.

$78.000

No Kill No Beep Beep

Vampir

Joann Sfar

Este vampiro mujeriego, indeciso, torpe para volar, que busca ser correspondido por alguna de sus conquistas (a las que solo muerde con un colmillo para no dejarles demasiadas marcas), es la máxima creación de Sfar y, al mismo tiempo, uno de los representantes infaltables del largo listado de donjuanes que pululan en el catálogo Pimentel: el loco Dovlátov, el último bolchevique Limónov, el mismo Lardín, de caza en Barcelona, el torero (el matador) José Álvarez “Juncal”, entre otros.

$90.000

 

Y ahora sí, el final de la frase:

"...puede incluso ser algo más que un triste conferenciante, recorriendo los caminos del idioma en nombre del insignificante país que es su editorial. De vez en cuando —además de todo lo anterior—, un editor puede procurar que existan algunos libros valientes, felices, a veces incluso inolvidables".