Recomendaciones
Alejandro Zambra
Natalia Guerrero

Poeta chileno
Anagrama · 2020
Una reflexión sobre la familia que construimos y sobre el mundo que habitan los poetas.
Alejandro Zambra vuelve en grande a la novela con este magnífico libro sobre familias hechizas, poetas y poetastros. Una hermosa, desenfadada y seriamente divertida declaración de amor a la poesía. El laberinto masculino actual, los trágicos vaivenes del amor, las familias –o familiastras– fugaces, la omnipresente desconfianza en instituciones y autoridades, el deseo valiente y obcecado de pertenecer a una comunidad en parte imaginaria, el sentido de escribir y de leer en un mundo hostil que parece desmoronarse a toda velocidad… Son muchos los temas que este libro hermoso, contundente y desenfadado pone encima de la mesa.

Mis documentos
Anagrama · 2013
Una colección de relatos sobre la escritura como salida frente a la desazón que puede leerse como una novela, o como once breves archivos en la carpeta Mis documentos. Con el fino sentido de la ironía y la precisión que ya le conocemos, con humor y melancolía, con espíritu paródico, con aliento lírico y a veces con rabia, Alejandro Zambra traza la anodina existencia de unos hombres que se repliegan en una idea antigua de la masculinidad, o el tránsito de unos seres pendulares que apuestan sus últimas fichas al amor.
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Literatura infantil
Anagrama · 2023
Una lectura esencial sobre la paternidad, la «hijitud», la infancia y, en últimas, la literatura misma. Navegando entre las memorias, el diario y la ficción pura, este libro es una carta de amor: al hijo, al padre y a la palabra.
Aunque este singular e inclasificable libro de Alejandro Zambra se llama Literatura infantil, conviene advertir que incluye un magnífico cuento que gira en torno al lenguaje grosero y un relato directamente lisérgico en que un hombre intenta, en pleno viaje terapéutico de hongos, volver a aprender el dificilísimo arte de gatear. En caso de que algún niño llegara accidentalmente a estas páginas, debería leerlas en compañía de un adulto, a pesar de que aquí son precisamente los niños quienes, a su manera, protegen a los adultos del desánimo, el egocentrismo y la dictadura del tiempo cronológico.
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