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Sólo poesía

Un estudio reciente del sector editorial encontró que la mitad de los libros publicados en España no venden un solo ejemplar. La librería, que antes funcionaba como mediación, perdió centralidad. Y sin embargo, así quedó eliminado algo difícil de reemplazar: la contingencia, el hallazgo involuntario.

Un estudio reciente del sector editorial encontró que la mitad de los libros publicados en España no venden un solo ejemplar. En otras palabras, los grandes grupos editoriales publican demasiado y las librerías tienen que combatir por su independencia y su espacio, en un sentido casi literal: las editoriales no independientes quieren inundarlas de novedades y de cajas.

Por los mismos días en que S&S resaltó el estudio en sus redes sociales, Guillermo Piro reflexionó sobre la labor de las librerías en su columna del diario Perfil. Según Piro, las librerías son lugares casi milagrosos que insisten en una forma muy particular de experiencia.

«La librería, que antes funcionaba como mediación, perdió centralidad. Y sin embargo, así quedó eliminado algo difícil de reemplazar: la contingencia. Entrar en una librería implicaba aceptar la posibilidad del error, del hallazgo involuntario. Esa lógica, que no optimiza nada, es precisamente la que hoy parece fuera de lugar.»

Yo me quedé en esa frase, en la «lógica que no optimiza nada y parece fuera de lugar». Ese lugar —dirán algunos— es anacrónico; diría yo: atemporal. Piro se pregunta si las librerías cierran «porque el mundo que las hacía necesarias también se fue cerrando».

Y así es: este mundo no deja mucho espacio para los acontecimientos inusuales. No hay cabida para las anomalías, que es lo que toda librería —y todo libro y todo lector— aspira a introducir en el mundo: lo inédito.

Esa misma idea me hizo pensar en la poesía. Los que nos hemos asomado al mundo del libro sabemos que la poesía tiene mala fama. La poesía no se vende, se escucha en muchas librerías, independientes o no. La poesía se vive muriendo…

Y, sin embargo, nunca hemos estado más hambrientos de poesía y de belleza en este mundo que parece darle la espalda a todo lo supuestamente «inútil». Soy de los que entra a una librería y lo primero que recorre es la sección de poesía: toda librería esconde un poema.

Así que en S&S decidí —decidimos— asumir un reto: escribir y reseñar libros de poesía. Y el reto es ese: sólo poesía. Poemarios individuales y antologías y obras completas. Se piensan y se dicen por ahí muchas cosas sobre la poesía, pero se la reseña poco. En estas columnas esperamos derrumbar algunos prejuicios, mitos y telarañas —especialmente, claro, las del propio reseñista que, lo digo de una vez, es un lector raso e inexperto y confía en aprender a escribirlas escribiéndolas—.

Estas columnas son una apuesta por un género y una forma que no optimiza nada y parece fuera de lugar. Es un género fragmentario, elusivo, sutil y minoritario. En otras palabras: un género necesario.

Arrancamos con Vuelo sostenido de Estefanía Angueyra, su primer libro de poemas, publicado por la Universidad Javeriana.